Málaga, 24 de octubre de 2025 – En una decisión que resonará en los cimientos del fútbol español, el Tribunal Supremo ha asestado un duro revés a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), confirmando la sentencia que tacha de «desleales» sus intentos de bloquear la programación de partidos de LaLiga los lunes y viernes. Un triunfo legal para la patronal de los clubes, sí, pero que deja en el aire interrogantes sobre el futuro de la convivencia (si es que alguna vez existió) entre ambas instituciones y, lo que es más importante, sobre el futuro del espectáculo futbolístico.
La sentencia, que es inapelable, otorga a LaLiga el derecho exclusivo a la fijación de horarios y fechas, un poder que considera inherente a la organización del campeonato. El Supremo considera que la RFEF solo tiene potestad para coordinarse y evitar solapamientos con otras competiciones, pero no para vetar o exigir compensaciones económicas por la disputa de partidos en días considerados, hasta ahora, atípicos. ¿Significa esto que veremos más partidos los lunes y viernes? Probablemente. ¿Significa que el aficionado, especialmente el que se desplaza, estará contento? Esa es otra historia.
Mientras Javier Tebas y sus colaboradores deben estar celebrando con champán, en las peñas y en los bares de Málaga, y de toda España, muchos aficionados fruncen el ceño. La fragmentación de los horarios, impulsada por la voracidad de los derechos televisivos, ha convertido el fin de semana futbolístico en un rompecabezas logístico para los seguidores. ¿Quién no recuerda aquella visita del Málaga CF a tierras gallegas un viernes por la noche, con el consiguiente desembolso y la dificultad para conciliar trabajo y pasión?
La resolución del Supremo, aunque aclara el panorama legal, no aborda la cuestión fundamental: el equilibrio entre el negocio y el bienestar del aficionado. LaLiga, ahora con las manos libres, podría verse tentada a exprimir aún más el calendario, priorizando los ingresos televisivos a la comodidad de los que llenan los estadios y sostienen la pasión por el fútbol.
Más allá del impacto en los horarios, la sentencia del Supremo supone un nuevo capítulo en la tensa relación entre LaLiga y la RFEF. Luis Rubiales, desde su atalaya, ya venía mostrando reticencias a ceder terreno, y esta derrota legal podría exacerbar aún más la animadversión. El fallo judicial, que descarta la existencia de una relación jerárquica y niega a la RFEF la capacidad de exigir contraprestaciones económicas, deja claro que el fútbol profesional español es un barco con dos capitanes que reman en direcciones opuestas. Y eso, a la larga, nunca es bueno para la travesía.
El tiempo dirá si esta victoria de LaLiga se traduce en un fútbol más atractivo y accesible para el aficionado, o si simplemente sirve para engordar aún más las arcas de los clubes a costa de la salud del espectáculo. Mientras tanto, en Málaga, seguiremos esperando el derbi ante el Sevilla un domingo a las 12:00, con la esperanza de que esta batalla legal no nos robe la esencia del fútbol: la emoción, la pasión y la incertidumbre del juego.
La victoria de LaLiga en el Supremo, aunque jurídicamente impecable, se antoja una victoria pírrica para el aficionado malagueño y para el fútbol en general. Si bien la resolución clarifica un panorama legal marcado por la ambigüedad y la constante confrontación entre LaLiga y la RFEF, deja un regusto amargo al constatar que el foco principal sigue siendo el negocio, no el espectador. La fragmentación horaria, lejos de ser un problema resuelto, podría acentuarse, obligando a los seguidores a hacer aún más malabares para seguir a su equipo, especialmente cuando se trata de desplazamientos complicados. El triunfo judicial, en definitiva, no garantiza un fútbol más accesible o disfrutable, sino más bien la consolidación de un modelo donde los derechos televisivos priman sobre la fidelidad y la pasión del aficionado, aquel que, en última instancia, sostiene este circo mediático.
Más allá de la evidente pugna por el control del calendario, esta sentencia revela una profunda crisis institucional en el fútbol español. La relación entre LaLiga y la RFEF, lejos de mejorar, se enquista, creando un clima de desconfianza que perjudica al deporte en su conjunto. El fallo del Supremo, al reforzar la autonomía de LaLiga en la gestión de los horarios, podría interpretarse como un debilitamiento de la RFEF, pero la realidad es que ambas instituciones deben encontrar un punto de encuentro para evitar que este enfrentamiento constante acabe erosionando la calidad del fútbol español. Urge un pacto que ponga al aficionado en el centro y que garantice un calendario equilibrado, respetuoso con los seguidores y que promueva la competitividad de las competiciones. De lo contrario, esta victoria legal solo servirá para profundizar la brecha entre el fútbol profesional y la gente que lo vive y lo siente en la calle.
Para ofrecer las mejores experiencias, nosotros y nuestros socios utilizamos tecnologías como cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. La aceptación de estas tecnologías nos permitirá a nosotros y a nuestros socios procesar datos personales como el comportamiento de navegación o identificaciones únicas (IDs) en este sitio y mostrar anuncios (no-) personalizados. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Haz clic a continuación para aceptar lo anterior o realizar elecciones más detalladas. Tus elecciones se aplicarán solo en este sitio. Puedes cambiar tus ajustes en cualquier momento, incluso retirar tu consentimiento, utilizando los botones de la Política de cookies o haciendo clic en el icono de Privacidad situado en la parte inferior de la pantalla.
Compartir en...
Completa el formulario o escríbenos a [email protected] y nos pondremos en contacto contigo tan pronto como sea posible.