La ilusión mundialista de la selección española sub-20 pende de un hilo tras un doloroso empate 2-2 ante México en la segunda jornada del Grupo C del Mundial de Chile 2025. Un gol postrero de Gilberto Mora, verdugo de «La Rojita» con un doblete, dejó sin aliento a un equipo que acarició la victoria, pero que ahora se enfrenta a una final anticipada ante la todopoderosa Brasil. El sueño de avanzar a octavos de final se jugará el sábado 4 de octubre a las 22:00h, en un partido que promete ser de infarto.
El encuentro, disputado con una intensidad digna de una final, evidenció las carencias de un equipo que, a pesar de su talento individual, aún no ha encontrado la solidez colectiva necesaria para afrontar un torneo de esta envergadura. Paco Gallardo, seleccionador español, apostó por una revolución en el once inicial, introduciendo cinco cambios con el objetivo de revitalizar el juego tras la decepcionante derrota ante Marruecos. La apuesta pareció dar sus frutos en la primera mitad, con una presión alta que incomodó a la zaga mexicana, pero la falta de contundencia en los metros finales volvió a ser un lastre.
México, sin embargo, no tardó en demostrar su peligrosidad. En el minuto 32, Gilberto Mora silenció a la afición española con un remate certero que inauguró el marcador. La reacción española no se hizo esperar y, justo antes del descanso, Pablo García, tras una brillante jugada colectiva, igualó el marcador, devolviendo la esperanza a los aficionados. Tras la reanudación, el dominio español se intensificó. Jan Virgili, incisivo por la banda izquierda, generó constantes ocasiones de peligro, culminando en un penalti provocado en el minuto 80. Iker Bravo, con sangre fría, transformó la pena máxima, poniendo a España por delante y desatando la euforia en el banquillo.
Pero cuando la victoria parecía sellada, la defensa española, hasta entonces solvente, se desconectó. Apenas seis minutos después del gol de Bravo, Mora, aprovechando un balón suelto en el área, volvió a batir al guardameta español, silenciando nuevamente el estadio y hundiendo las aspiraciones de «La Rojita». El 2-2 final fue un jarro de agua fría para un equipo que deberá reponerse anímicamente para afrontar el crucial duelo ante Brasil.
El empate deja a España en una situación delicada. Con solo un punto en su casillero, la victoria ante Brasil se antoja indispensable para acceder a los octavos de final. Un empate o una derrota significaría la eliminación prematura de un equipo que llegaba a Chile con la vitola de favorito. La tarea no será fácil, ya que Brasil, una de las selecciones más potentes del torneo, ha demostrado su solidez en los dos primeros partidos, sumando sendas victorias. El enfrentamiento ante la ‘canarinha’ se presenta como una auténtica final, un duelo de alto voltaje en el que España deberá mostrar su mejor versión para seguir soñando con el título mundialista. La afición malagueña, fiel seguidora de los jóvenes talentos españoles, espera ansiosa una reacción que les permita seguir disfrutando del Mundial Sub-20.

El empate agónico ante México, más allá del sabor amargo del gol postrero, pone de manifiesto una preocupante tendencia en las categorías inferiores de la selección española. No basta con el talento individual a raudales si este no se traduce en una cohesión colectiva capaz de resistir la presión y mantener la concentración en los momentos decisivos. La insistencia en la posesión y el toque, señas de identidad del fútbol español, parecen diluirse en una incapacidad para cerrar los partidos, una fragilidad defensiva que, a estas alturas, resulta incomprensible. La revolución en el once inicial, más que una solución, se antoja un parche que evidencia la falta de un plan sólido y una confianza plena en el esquema inicial, generando, quizás, más dudas que certezas en el grupo.
El cruce ante Brasil, presentado como una final anticipada, es la prueba de fuego definitiva. No se trata solo de ganar, sino de demostrar que esta generación de futbolistas es capaz de aprender de sus errores y competir al máximo nivel. La afición malagueña, ávida de éxitos y orgullosa de sus canteranos, espera una reacción que vaya más allá de un simple resultado. Necesitamos ver un equipo con carácter, ambición y, sobre todo, solidez. De lo contrario, este Mundial Sub-20 se convertirá en un nuevo recordatorio de que el talento, por sí solo, no es suficiente para alcanzar la gloria, y que la base del éxito reside en la disciplina, la estrategia y la capacidad de sacrificio.
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