En un gesto de acogida y entendimiento intercultural, la biblioteca de Arroyo de la Miel, en Benalmádena, ha dado un paso significativo al incorporar el idioma ucraniano a su ya rica sección de «Otros Idiomas». Este nuevo fondo, compuesto por un centenar de ejemplares, se convierte en un faro de esperanza y conexión para la comunidad ucraniana residente en la Costa del Sol, demostrando que la literatura puede trascender fronteras y construir puentes de empatía. La iniciativa, impulsada por la colaboración ciudadana y el apoyo institucional, refuerza el compromiso de Benalmádena con la diversidad y la inclusión.
La semilla de esta iniciativa germinó gracias al compromiso de Anikina Khrystyna, una usuaria activa de la biblioteca, quien propuso la creación de un fondo bibliográfico en ucraniano mediante la donación de libros. Esta propuesta encontró eco en la comunidad ucraniana de Benalmádena y de otros puntos de la provincia, que respondió con generosidad a la llamada. El Consulado de Ucrania en Málaga también se sumó a la iniciativa, consolidando un proyecto que va más allá de la mera acumulación de libros, convirtiéndose en un símbolo de unión y resistencia cultural.
La colección ucraniana, cuidadosamente seleccionada, abarca un amplio espectro de géneros y temáticas, desde cuentos infantiles que despertarán la imaginación de los más pequeños hasta obras literarias que invitarán a la reflexión de los adultos. Los libros infantiles se ubicarán en la planta 0, mientras que las obras dirigidas al público adulto encontrarán su espacio en la planta -1, creando un ambiente acogedor para todas las edades. La clasificación e incorporación de este valioso lote ha contado con la inestimable colaboración de usuarias de la biblioteca como Yulia Palii y Kateryna Lysenko, quienes han aportado su conocimiento y entusiasmo para hacer posible este proyecto.
Jésica Trujillo, la concejala de Cultura, ha destacado la importancia de esta iniciativa, resaltando el reconocimiento de Bibliotecas Interculturales otorgado a la red de bibliotecas de Benalmádena por la Junta de Andalucía desde 2011, una distinción que solo poseen cuatro bibliotecas en la provincia. La concejala ha recordado que la biblioteca de Arroyo de la Miel ofrece documentos en trece idiomas diferentes, incluyendo inglés, francés, alemán, sueco, finés, danés, noruego, árabe, polaco, italiano, holandés, ruso y ahora, ucraniano.
La ampliación del fondo bibliográfico en ucraniano no solo enriquece la oferta cultural de la biblioteca, sino que también representa un valioso servicio para los ciudadanos de otras nacionalidades que residen en Benalmádena. El préstamo de libros en «Otros Idiomas» representa alrededor del 10 por ciento del total anual, lo que demuestra el interés y la demanda de este tipo de recursos. Con 10.923 usuarios de otras nacionalidades inscritos en la red de bibliotecas, que representan el 27,11% del total, Benalmádena se consolida como un espacio de encuentro y diálogo intercultural, donde la diversidad se celebra y se valora. La biblioteca de Arroyo de la Miel se erige, una vez más, como un faro de conocimiento y entendimiento en el corazón de la Costa del Sol.
Aplaudimos, por supuesto, la iniciativa de la biblioteca de Arroyo de la Miel al incorporar un fondo en ucraniano. En tiempos de conflicto y desplazamiento, la posibilidad de acceder a la propia lengua y cultura se convierte en un salvavidas emocional y un puente hacia la normalidad. Sin embargo, no podemos obviar que esta loable acción también destapa una realidad incómoda: la precaria situación de los recursos destinados a la integración lingüística y cultural de las comunidades migrantes en general. ¿Por qué es necesaria una guerra para que se preste atención a la necesidad de libros en otros idiomas? ¿Dónde están las iniciativas similares para las comunidades marroquíes, rumanas o senegalesas que llevan años contribuyendo a la riqueza de nuestra provincia? Celebramos este gesto, pero no podemos permitir que oculte la falta de una política cultural integral y equitativa hacia todos los colectivos que conforman el mosaico multicultural de Málaga.
Más allá del encomiable gesto puntual, es imprescindible preguntarse si este centenar de ejemplares es suficiente para atender las necesidades de una comunidad ucraniana que, lamentablemente, ha crecido exponencialmente en la Costa del Sol. La verdadera solidaridad no se limita a un simbolismo literario, sino que exige una inversión sostenida y una planificación a largo plazo. No basta con habilitar una estantería; es necesario ofrecer talleres de idioma, espacios de encuentro y programas de intercambio cultural que fomenten una integración real y bidireccional. Benalmádena, con su red de bibliotecas «interculturales», debería ser un modelo a seguir, pero también un ejemplo de cómo la buena voluntad debe ir acompañada de recursos y estrategias ambiciosas para construir una sociedad verdaderamente inclusiva.
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