Málaga, 24 de julio de 2025 – El aire en Málaga se vuelve irrespirable, no por la calima veraniega, sino por una pesadilla que se repite: Los Asperones, convertidos en un infierno de llamas y humareda tóxica. Los bomberos de la ciudad, verdaderos héroes anónimos, se ven obligados a regresar, una y otra vez, a esta barriada, epicentro de incendios provocados presuntamente por la quema ilegal de chatarra. Ayer, miércoles, la situación alcanzó un punto crítico, con cuatro intervenciones en una sola jornada, culminando con la ignición de un vehículo a altas horas de la madrugada.
El Sindicato Andaluz de Bomberos (SAB) ha alzado la voz, denunciando una situación insostenible que pone en riesgo la salud de los profesionales y la seguridad de los vecinos de Soliva, barrio aledaño. Las cifras son escalofriantes: más de 600 intervenciones en 2024, una media de dos incendios diarios. Una estadística que, lamentablemente, parece destinada a superar este año, transformando la vida de los bomberos en una lucha constante contra las llamas y los efectos nocivos de la contaminación.
El concejal de Seguridad Ciudadana, Avelino Barrionuevo, ha sido contundente al señalar a los responsables: «Queman el hierro y pretenden que los bomberos se lo enfriemos para después venderlo«. Una acusación grave que revela un posible negocio ilícito a costa de la salud pública y la seguridad de la ciudad. Los vecinos de Soliva, hartos de respirar aire contaminado, se han unido a la denuncia del sindicato, exigiendo al Ayuntamiento medidas urgentes para poner fin a esta actividad delictiva que lleva años envenenando sus vidas.
El Ayuntamiento asegura tener localizado el foco del problema y anuncia un plan en dos fases: una preventiva, centrada en la retirada de colchones y otros materiales combustibles, y otra reactiva, activada tras el inicio del incendio. Sin embargo, la efectividad de estas medidas está en entredicho, ya que, según el propio concejal, las sanciones no están siendo punitivas, lo que deja impunes a los responsables de estos actos vandálicos y contaminantes.
La situación en Los Asperones es una bomba de relojería que amenaza con estallar en cualquier momento. Los bomberos, exhaustos y expuestos a sustancias tóxicas, claman por una solución integral que aborde las causas profundas del problema. Los vecinos de Soliva, asfixiados por el humo y la desidia, exigen respuestas y acciones concretas que garanticen su derecho a respirar aire limpio y vivir en un entorno seguro. Málaga no puede permitirse seguir ignorando esta realidad. La salud, la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos están en juego.
La noticia sobre Los Asperones no es nueva, lamentablemente, sino un vergonzoso recordatorio de la **persistente inacción política ante la marginación social**. El consistorio alardea de planes y medidas, pero la realidad es que seguimos asistiendo a un círculo vicioso de incendios, promesas incumplidas y vecinos asfixiados. No basta con retirar colchones; hay que abordar las raíces del problema, que residen en la exclusión, la falta de oportunidades y la precariedad que empujan a la gente a jugarse la vida en un negocio ilegal y peligroso. Mientras la administración se limite a parchear la situación, seguiremos viendo cómo las llamas consumen Los Asperones y, con ellas, la esperanza de una vida digna.
La valentía de los bomberos es incuestionable, pero es una vergüenza que se les exponga de forma sistemática a riesgos innecesarios debido a la **negligencia y la falta de soluciones a largo plazo**. Criminalizar a los habitantes de Los Asperones, como insinúan algunas declaraciones, es simplista y contraproducente. Se necesita una inversión real en educación, formación y empleo, así como un compromiso firme con la integración social. De lo contrario, seguiremos culpando a las víctimas de un sistema que les niega alternativas, mientras Málaga se ahoga en una humareda tóxica que es, en definitiva, el reflejo de nuestra propia indiferencia.
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