Málaga, 8 de julio de 2025 – La polémica sobre la prostitución vuelve a sacudir los cimientos del Partido Socialista, pero esta vez, no solo por las implicaciones del caso Ábalos y Koldo, sino por la propuesta de modificación del Código Ético del PSOE. Una modificación que, según la asociación Stop Abolición, es una cortina de humo para desviar la atención de la corrupción gubernamental. Laura, una trabajadora sexual, ha enviado una carta al Presidente Pedro Sánchez expresando su profunda indignación ante la medida, que califica de estigmatizante y perjudicial para miles de personas que dependen de esta actividad para su sustento.
La propuesta de añadir un párrafo al artículo 4.5 del Código Ético, que considera el sistema prostitucional como una expresión de violencia contra las mujeres, ha desatado la furia de Stop Abolición. Marianeli Palacios García, coordinadora de la asociación, denuncia que esta iniciativa es el cuarto intento de abolición de la prostitución, y que lejos de proteger a las mujeres, las empuja aún más a la marginalidad y a la clandestinidad. “Sentimos que se está utilizando este tema como una tapadera. Se está usando a las prostitutas para desviar la atención de la verdadera problemática que existe: la corrupción dentro del gobierno del Partido Socialista», declara Palacios, evidenciando un sentimiento de instrumentalización y desprecio hacia su colectivo.
La principal objeción de Stop Abolición radica en la confusión intencionada entre prostitución voluntaria y trata de personas. Palacios insiste en que la trata, que implica explotación y coacción, ya está penalizada en el Código Penal, y que mezclar ambos conceptos es una estrategia para criminalizar una actividad que, según ella, se basa en el consentimiento mutuo y la negociación libre entre adultos. «No hay mayor violencia que la que se ejerce sobre nosotras tratándonos como mujeres de segunda», sentencia Palacios, desafiando la narrativa oficial que las presenta como víctimas indefensas.
La misiva de Laura, enviada directamente al Presidente Sánchez, exige una rectificación y un debate abierto sobre la regulación de la prostitución, un debate que tenga en cuenta las voces de las trabajadoras sexuales y que se centre en garantizar sus derechos laborales y sociales. La sombra del «casting» de prostitutas en el caso Ábalos y Koldo planea sobre la polémica, alimentando la desconfianza y el resentimiento de un colectivo que se siente utilizado como moneda de cambio en la lucha política. El futuro del Código Ético del PSOE y la respuesta del gobierno ante estas acusaciones están en el aire, mientras la indignación de las trabajadoras sexuales resuena con fuerza en el panorama político español.

El enésimo debate sobre la prostitución, avivado ahora por la modificación del Código Ético del PSOE, resulta, como mínimo, descorazonador. **En lugar de un diálogo sosegado y basado en evidencias, se opta por una simplificación burda que equipara prostitución con violencia, borrando de un plumazo las voces de aquellas trabajadoras sexuales que exigen reconocimiento y derechos**. Es innegable que la trata es una lacra que debe combatirse con firmeza, pero mezclar churras con merinas, como parece pretender el PSOE, no solo es ineficaz, sino que alimenta la estigmatización y la marginalidad. ¿No sería más útil centrarse en regular la actividad, garantizando condiciones laborales dignas, acceso a la seguridad social y protección frente a la explotación? La miopía ideológica, una vez más, impide ver la complejidad de la realidad.
La acusación de que el PSOE utiliza este debate como «tapadera» para ocultar la corrupción es grave y merece una investigación exhaustiva. Si bien es cierto que el caso Ábalos y Koldo proyecta una sombra de duda sobre la integridad del partido, instrumentalizar la prostitución para desviar la atención sería una bajeza moral imperdonable. El gobierno debe responder a las preguntas incómodas sobre la trama corrupta, pero también debe abordar el debate sobre la prostitución con responsabilidad y sensibilidad, escuchando a todas las partes implicadas. De lo contrario, corremos el riesgo de perpetuar un sistema que condena a miles de mujeres a la invisibilidad y la precariedad, mientras los verdaderos culpables siguen campando a sus anchas.
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