La calma chicha que parecía reinar en el seno del gobierno de coalición se ha visto bruscamente interrumpida por un choque de trenes ideológico. Mientras la ciudad de Sevilla se prepara para acoger una manifestación masiva contra el aumento del gasto militar impulsado por el ejecutivo de Pedro Sánchez, una ausencia notable resuena con fuerza: la de Movimiento Sumar, la formación liderada por la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. La decisión de Sumar de no participar en esta primera gran protesta marca un punto de inflexión y plantea serias dudas sobre la cohesión interna del espacio político que aspiraba a aglutinar a la izquierda transformadora.
El silencio de Sumar contrasta fuertemente con la participación confirmada de otros socios de la coalición, como Izquierda Unida (IU), Verdes Equo e Iniciativa del Pueblo Andaluz. Tres formaciones que, desafiando la disciplina de gobierno, alzarán la voz en las calles de Sevilla para exigir un cambio radical en la política de defensa del país. La imagen de ministros y diputados de Sumar votando a favor de los presupuestos generales del estado que incluye la partida de gasto militar y, simultáneamente, a sus socios protestando en las calles generará, sin duda, un fuerte contraste que alimenta el debate sobre la coherencia política.
La ausencia de Sumar no solo deja un vacío en la movilización, sino que abre un espacio que Podemos, con Ione Belarra a la cabeza, parece dispuesto a ocupar. La formación morada, en un claro intento de recuperar protagonismo y disputar el liderazgo moral de las protestas, ha confirmado su presencia en la manifestación de Sevilla. Esta jugada estratégica de Podemos se interpreta como un claro desafío a la hegemonía de Sumar en el espacio de la izquierda alternativa, y como un intento de capitalizar el descontento social generado por las políticas de rearme del gobierno.
Pero la presencia de Belarra tiene también una lectura interna. Podemos se encuentra inmerso en un debate sobre la estrategia electoral para las próximas elecciones andaluzas. La dirección nacional del partido se muestra reticente a reeditar la coalición con IU y Sumar, exigiendo a IU que abandone el gobierno andaluz como condición para un posible pacto. La llegada de Belarra a Sevilla se interpreta, en este sentido, como un intento de presionar a los dirigentes andaluces para que se alineen con la estrategia nacional del partido.
La manifestación de Sevilla se convierte así en un termómetro para medir la salud de la coalición de gobierno y la capacidad de Sumar para mantener la unidad en un espacio político marcado por las tensiones y las contradicciones. La ola de movilizaciones que se avecina, con la protesta de Madrid en el horizonte y la «contra cumbre» contra la OTAN en junio, pondrá a prueba la solidez de la alianza y obligará a los diferentes actores a definir sus posiciones de forma clara y contundente. El futuro de la coalición, y la estabilidad política del país, penden de un hilo.

La sonada ausencia de Sumar en la protesta contra el rearme en Sevilla no es simplemente una discrepancia puntual, sino un síntoma alarmante de una coalición gubernamental que se diluye en contradicciones. La incapacidad de Yolanda Díaz para alinear a sus socios en un tema tan sensible como el gasto militar socava la credibilidad del proyecto Sumar, evidenciando que la «izquierda transformadora» que prometía liderar se ve atrapada en las redes del pragmatismo gubernamental. La imagen de un gobierno que, por un lado, incrementa el presupuesto de Defensa y, por otro, permite que sus socios lo critiquen desde las calles, dibuja un escenario de debilidad y falta de rumbo que, a la larga, erosiona la confianza ciudadana en la política como herramienta de cambio real.
La maniobra de Podemos, acudiendo a la protesta como un ave fénix dispuesta a resurgir de sus cenizas, es, sin embargo, tan oportunista como previsible. Ione Belarra busca capitalizar el descontento, pero corre el riesgo de que su presencia se interprete más como un intento de desestabilizar a Sumar que como una defensa genuina de los principios pacifistas. La fragmentación de la izquierda, lejos de fortalecerla, la debilita, ofreciendo una imagen de división y falta de cohesión que la aleja de la posibilidad real de influir en las políticas del país. Urge una reflexión profunda sobre la necesidad de construir un proyecto de izquierda sólido y coherente, capaz de trascender las diferencias y priorizar el interés común por encima de las ambiciones partidistas.
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