El congreso-balneario del PP en tierras gallegas ha servido de catalizador para una serie de movimientos y declaraciones que han reconfigurado el tablero político español. La sombra de José María Aznar, presente tanto en espíritu como en la rememoración de su himno –un pegadizo ‘jingle’ ideado para insuflar carisma a un líder que algunos consideraban falto de él–, se cierne sobre la figura de Alberto Núñez Feijóo, quien busca emular la centralidad y convicción ideológica de aquel PP de los 90. El autor de la melodía, Manuel Pacho, reveló un secreto: la letra original, rechazada por él mismo para evitar la caducidad del mensaje, rezaba "Triunfar, ganar, vencer con Aznar", un mantra que hoy resuena con fuerza en la búsqueda de Feijóo por el triunfo.
Pero el camino hacia esa centralidad no está exento de obstáculos. La firme decisión de Feijóo de gobernar en solitario, rechazando una coalición con Vox, ha desatado una tormenta en el partido liderado por Santiago Abascal. La respuesta no se ha hecho esperar: una propuesta radical de deportación masiva de inmigrantes, incluyendo a aquellos nacidos en España, una idea que evoca los fantasmas del pasado y que ha provocado una oleada de reacciones.
Las palabras de Abascal resuenan con ecos de un pasado oscuro. La referencia a la "invasión migratoria" remite directamente al discurso de la ultraderecha de los años 90, personificada en figuras como Blas Piñar, quien alertaba sobre una supuesta amenaza a la identidad cultural española. La sombra de Piñar se alarga a través de figuras como Kiko Méndez-Monasterio, asesor de Abascal con pasado en formaciones neofascistas, estableciendo una conexión inquietante con un discurso xenófobo que creíamos superado. El propio Piñar diferenciaba entre "inmigrantes" de Occidente y "invasores" procedentes de África, un discurso que ahora, adaptado a los tiempos, resurge con fuerza en las filas de Vox. El partido aboga por expulsar «a todos los menores no acompañados», propuesta que en su día ya había sido difundida por la revista Fuerza Nueva, fundada por Piñar.
La estrategia de Feijóo de marcar distancia con Vox, aunque arriesgada, podría resultar clave para atraer a un electorado moderado. Sin embargo, no basta con rechazar una coalición. El líder popular se enfrenta al desafío de llenar de contenido su propuesta política, de combatir el discurso de Abascal con argumentos sólidos y de ofrecer una alternativa creíble en materia de inmigración. En este sentido, las palabras de Aznar, que adivinó en el discurso de Feijóo una vuelta al carril noventero de la centralidad, son un claro mensaje de apoyo, pero también una advertencia: el éxito o el fracaso de esta estrategia dependerá de la capacidad de Feijóo para traducir sus principios en acciones concretas. La batalla ideológica está servida, y el futuro del PP, y de España, pende de un hilo.
El congreso gallego del PP, más allá de la nostalgia musical, revela una preocupante bipolaridad. Feijóo intenta desesperadamente reconectar con un electorado que ha huido hacia el centro, evocando un pasado aznariano idealizado, donde la moderación era la herramienta para desbancar al adversario. Sin embargo, esa estrategia se tambalea al ver cómo su socio necesario, Vox, despliega una retórica cada vez más extremista, con propuestas tan inhumanas como la deportación masiva. Este baile de equilibrios, más que una estrategia brillante, se antoja una huida hacia adelante que podría acabar por desdibujar la identidad del PP, dejándolo atrapado en un limbo ideológico donde ni convence a los moderados ni moviliza a los votantes más conservadores.
La invocación de fantasmas del pasado por parte de Vox, con claras resonancias a figuras como Blas Piñar, no es una simple anécdota. Es una estrategia calculada para movilizar un electorado nostálgico de un nacionalismo excluyente y xenófobo. El peligro reside en la normalización de este discurso, que cala en una sociedad cada vez más polarizada y vulnerable a las simplificaciones. Feijóo, por su parte, debe hacer algo más que marcar distancias; necesita confrontar frontalmente esta deriva ultraderechista, ofreciendo una alternativa basada en la razón, la empatía y el respeto a los derechos humanos. De lo contrario, la sombra de Piñar seguirá alargándose, oscureciendo el futuro político de nuestro país.
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