La Audiencia Nacional ha dictado sentencia contra Seid Bengag, un joven de 26 años de nacionalidad marroquí, que ha sido condenado a dos años y seis meses de prisión por enaltecimiento del terrorismo y por falsificación de documento oficial. Esta condena es el resultado de un acuerdo de conformidad entre el acusado y la Fiscalía, tras reconocer Bengag las graves acusaciones que pesaban sobre él. Su actividad en redes sociales, particularmente en TikTok, lo llevó a contar con más de 400.000 seguidores que, atraídos por su contenido provocador, interactuaron masivamente con sus publicaciones.
Los vídeos que Bengag compartía a diario no solo glorificaban acciones terroristas, como el asesinato del sacristán en Algeciras en enero de 2023, sino que también contenían mensajes que incitaban a la yihad y al combate violento en nombre del islam. En estas grabaciones, el condenado hacía continuas manifestaciones en contra de grupos judíos y LGTBI, lanzando amenazas y llamamientos al odio hacia aquellos que no compartían sus convicciones. Esta retórica de violencia dejó una señal evidente de su disposición a llevar a cabo actos terroristas, aunque no se llevó a la práctica.
La sentencia de la Sección Cuarta de la Audiencia Nacional se basa en un exhaustivo análisis de la actividad digital de Bengag y su impacto. A través de plataformas como Facebook e Instagram, así como su preferida, TikTok, el acusado extendió un discurso extremista, llamando a la acción violenta y al martirio. La sentencia detalla que sus mensajes eran un claro intento de fomentar el terrorismo yihadista, proponiendo no solo la imposición de la sharia en Europa, sino también la recuperación del territorio histórico de Al-Andalus.
Un registro realizado en su domicilio de Tarrasa (Barcelona) reveló el arsenal digital del condenado, con la incautación de múltiples dispositivos, incluyendo 12 teléfonos móviles y un portátil. Dentro de estos equipos se descubrieron más de 2.500 vídeos que evidencian su constante promoción de la violencia yihadista. Además, el acceso a páginas que ofrecían información sobre armas y equipos bélicos, como pistolas y chalecos antibalas, alarmaron a las autoridades sobre su posible conexión con actividades terroristas más serias.
Esta condena pone de relieve un creciente problema en la sociedad actual: el uso de plataformas sociales para difundir discursos de odio y radicalización. La Audiencia Nacional ha dejado claro que el enaltecimiento del terrorismo, especialmente a través de canales que atraen a un público joven, será severamente perseguido. Con este fallo, se espera enviar un mensaje contundente ante el uso de internet como medio para la propaganda del extremismo. La vigilancia en redes sociales se intensificará, y se requiere una mayor responsabilidad tanto de las plataformas como de los usuarios en la lucha contra el discurso de odio.

La condena de **Seid Bengag** por enaltecimiento del terrorismo en redes sociales es un recordatorio doloroso de los peligros que supone la radicalización en plataformas digitales. Es imprescindible señalar que esta decisión de la **Audiencia Nacional** no es solo un acto de justicia, sino una declaración contra la práctica de utilizar espacios virtuales para propagar discursos de odio y violencia. Sin embargo, aunque la sentencia de **dos años y seis meses de prisión** envía un mensaje claro a quienes cruzan la línea de la incitación al terrorismo, plantea la cuestión de cómo podemos equilibrar la **libertad de expresión** con la necesidad de **proteger a la sociedad** de la influencia perniciosa de estos discursos extremistas. Mientras que la condena podría considerarse como un paso positivo hacia el control de la **propaganda yihadista**, también se debe considerar la función de las plataformas digitales como responsables en la moderación y control de contenido que puede incitar al odio.
La creciente **presencia de discursos radicales** en redes sociales como **TikTok** pone de manifiesto la urgencia de una estrategia integral que no solo contemple **sanciones penales**, sino que también fomente la educación digital y el pensamiento crítico entre los jóvenes. El **arsenal digital** encontrado en la vivienda de Bengag es una inquietante evidencia de cómo la tecnología puede ser utilizada como vehículo para la violencia y la manipulación. Esto nos obliga a reflexionar sobre el papel de los **educadores y las instituciones** en la formación de ciudadanos informados que sepan discernir la información en un entorno saturado de estímulos. La solución no radica únicamente en castigar a los infractores, sino en emprender un esfuerzo colectivo para cultivar un entorno digital más seguro y responsable. Sin duda, la batalla contra la radicalización en Internet es compleja y multifacética, pero no puede ser ignorada si realmente queremos proteger a la sociedad de estos peligros contemporáneos.
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