La fase eliminatoria del EuroBasket 2025 ha arrancado con una jornada de emociones fuertes y sorpresas mayúsculas. Mientras que Turquía, Alemania y Lituania cumplieron con las expectativas y sellaron su pase a cuartos de final, el terremoto sísmico lo provocó Finlandia, que desató la euforia al eliminar a una Serbia liderada por un estelar pero insuficiente Nikola Jokic. El marcador final, 86-92, reflejó la tenacidad y el juego coral de los fineses, que han dinamitado las quinielas y se postulan como el «coco» a evitar en la siguiente ronda.
Turquía, con un Alperen Sengün imperial (24 puntos, 16 rebotes y 6 asistencias), sufrió más de lo previsto para doblegar a una Suecia que nunca se rindió. Los escandinavos, liderados por Birgander y Hakanson, pusieron contra las cuerdas a los otomanos, pero la jerarquía de Sengün en los momentos decisivos fue crucial para asegurar la victoria por 85-79. Turquía vuelve a unos cuartos de final después de 16 años y se enfrentará al ganador del Polonia-Bosnia. El camino se abre para los turcos, pero deberán afinar su juego si quieren aspirar a cotas mayores.
El marcador final de 85-58 a favor de Alemania ante Portugal no refleja la verdadera batalla que se libró sobre el parqué. Los germanos, dirigidos por Álex Mumbrú, mostraron una alarmante falta de puntería durante gran parte del encuentro, especialmente en el lanzamiento de tres puntos (un paupérrimo 1/24). Sin embargo, un arrollador parcial de 33-7 en el último cuarto acabó con las esperanzas lusas, que no pudieron contrarrestar el poderío físico y la defensa alemana. Franz Wagner, con 16 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias, fue el jugador más destacado de un equipo que deberá mejorar su consistencia si quiere aspirar a la medalla.
En el enfrentamiento entre vecinos, Lituania demostró su superioridad al vencer a la anfitriona Letonia por 88-79. Los lituanos marcaron el ritmo desde el inicio, liderados por Arnas Velicka y Azuolas Tubelis, quienes suplieron con creces la ausencia por lesión de Rokas Jokubaitis. A pesar del espectacular partido de Kristaps Porzingis (34 puntos y 19 rebotes), Letonia no pudo frenar el juego coral y la solidez defensiva de Lituania, que regresa a unos cuartos de final tras dos ediciones de ausencia.
El plato fuerte de la jornada fue sin duda la sorprendente victoria de Finlandia sobre Serbia por 92-86. A pesar de la monstruosa actuación de Nikola Jokic (33 puntos y 37 de valoración), el MVP de la NBA no pudo evitar la derrota de su equipo ante una Finlandia que jugó con el corazón y la cabeza. Lauri Markkanen (29 puntos) fue el líder anotador de los fineses, pero la clave estuvo en el apoyo de Miikka Muurinen y Elias Valtonen, quienes anotaron canastas decisivas en el tramo final del partido. La eliminación de Serbia supone un auténtico terremoto en el EuroBasket y abre un abanico de posibilidades para el resto de selecciones. ¿Será Finlandia la gran revelación del torneo? Solo el tiempo lo dirá.
La victoria de Finlandia sobre Serbia no solo dinamita el EuroBasket, sino que también pone en evidencia la fragilidad de los proyectos deportivos construidos en torno a una sola estrella. El baloncesto, por mucho que Jokic despliegue su magia, sigue siendo un deporte de equipo, y la incapacidad serbia para encontrar soluciones colectivas ante la defensa finlandesa resulta, cuanto menos, preocupante. Esta derrota debería servir como un toque de atención para aquellos seleccionadores que confían excesivamente en el talento individual, olvidando la importancia de la química y la estrategia grupal. La pregunta que surge es: ¿ha pecado Serbia de arrogancia o, simplemente, no ha sabido construir un equipo a la altura de su estrella?
Más allá del batacazo serbio, el EuroBasket nos deja una primera jornada de octavos que confirma la tendencia del baloncesto europeo hacia la igualdad y la competitividad. La sufrida victoria de Turquía, la contundencia alemana a pesar de sus evidentes problemas en el tiro exterior, y el sólido triunfo de Lituania demuestran que la distancia entre las selecciones punteras y las emergentes se acorta cada vez más. Esta mayor paridad, si bien es un soplo de aire fresco para el torneo, también exige a los equipos favoritos una mayor capacidad de adaptación y un rigor táctico impecable. De lo contrario, corren el riesgo de convertirse en la próxima víctima de la «revolución finlandesa».
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