La noche del sábado marcó el cierre de la XXVIII edición del Festival de Cine de Málaga, un evento que ha brillado con luz propia en el calendario cultural de la ciudad andaluza. La emotiva gala de clausura, celebrada en el emblemático Teatro Cervantes, premió a las películas ‘Sorda’, ‘El ladrón de perros’ y ‘Los tortuga’ como las grandes triunfadoras del certamen, consolidando una vez más la importancia de este festival dentro del panorama cinematográfico español e iberoamericano.
‘Sorda’, dirigida por Eva Libertad, se alzó con el Premio del Público, un reconocimiento que la cineasta dedicó a la comunidad que representa y a su hermana, Miriam Garlo, actriz protagonista. "Esta película no solo es un homenaje a mi hermana, sino también una crítica a las imposiciones sociales de conformidad", afirmó Libertad, evocando la idea de que el cine debe ser un espacio inclusivo y de encuentro. La directora instó a convertir las salas en verdaderos puntos de encuentro para sordos y oyentes, un lema que resonó entre los asistentes y colaboradores del festival.
Por su parte, Eduardo Calla, distribuidor de ‘El ladrón de perros’, entregada la Biznaga de Plata a Mejor Película Iberoamericana, subrayó el orgullo boliviano que la cinta representa, reafirmando los sentimientos de identidad e innovación en el cine. "Este premio es un triunfo no solo personal, sino un reflejo del compromiso artístico de todos los bolivianos que trabajamos incansablemente en el extranjero", expresó Calla, contagiando al público con su fervor y dedicación por el séptimo arte.
Las emociones continuaron en el escenario cuando Mario Casas recibió la Biznaga de Plata a Mejor Interpretación Masculina, premio que compartió ‘ex aequo’ con Álvaro Cervantes, quien también fue reconocido por su brillante actuación en ‘Sorda’. Casas no dudó en recordar sus inicios afirmando que sus personajes "Pollo y Hache" han madurado, abrazando ahora el cine autoral con profundidad y sensibilidad. En un gesto conmovedor, Cervantes dedicó su galardón a su hermana, Ángela Cervantes, premiada como Mejor Actriz Protagonista por ‘Furia’, así como a Miriam Garlo por su papel en ‘Sorda’, con un mensaje claro: la unión y el apoyo entre colegas son fundamentales en el mundo del cine.
La pletórica gala y la velada culminaron con las palabras de Ángela Cervantes, quien, entre lágrimas, dedicó su premio a "todos los actores y actrices sordos que están luchando por ocupar su lugar en el cine y el teatro". Un mensaje poderoso que no solo refleja los desafíos del sector, sino también la esperanza de una mayor inclusión y diversidad en el arte cinematográfico. Esta XXVIII edición del festival, una verdadera celebración de la creatividad y la sensibilidad, reafirma la relevancia de Málaga como punto de encuentro de culturas, historias y talentos que seguirán aportando a las narrativas audiovisuales.

El Festival de Cine de Málaga se ha consolidado, una vez más, como una plataforma vital para el reconocimiento de voces emergentes y narrativas diversas dentro del panorama cinematográfico español e iberoamericano. Las películas premiadas, como ‘Sorda’, ofrecen un valioso recordatorio de que el cine tiene la responsabilidad de ser un espejo de la sociedad en la que se desarrolla. La emotividad de la gala no solo se reflejó en los discursos de aceptación, sino también en el impacto que obras como estas pueden generar para fomentar la inclusión y la representación en un medio que históricamente ha sido criticado por su falta de diversidad. Sin embargo, es necesario cuestionar si este festival puede hacer más que simplemente rendir homenaje a figuras y causas; debería actuar proactivamente a lo largo del año, promoviendo talleres, iniciativas y eventos que sostengan y amplíen esta conversación sobre la inclusión.
A pesar de la celebración que representa este festival, no podemos olvidar que el reconocimiento es solo el primer paso hacia un cambio significativo. La representación de actores y cineastas sordos, como lo ha destacado Ángela Cervantes, es aún un desafío que requiere esfuerzos sistemáticos. En lugar de limitarnos a momentos emotivos durante los premios, es crucial que el Festival de Cine de Málaga y otras instituciones cinematográficas implementen políticas que garanticen espacios accesibles y oportunidades equitativas para todos los artistas, independientemente de sus habilidades o trasfondos. La crítica al status quo no debe cesar con el aplauso; debe dar paso a un trabajo continuo y comprometido hacia un cine que no solo deslumbre, sino que también inspire y transforme nuestra percepción de la diversidad y la inclusión en el arte. Solo así podremos asegurar que el legado de este festival perdure más allá de su evento anual.
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